jueves, 14 de mayo de 2015

La Llorona de Cosautlán


Por allá del año 1999 cuentan vecinos de la calle Reforma que durante tres noches seguidas se escucharon ruidos que podrían llamárse paranormales pues nadie pudo siquiera imitar o repetir semejante conjunto de sonidos, las personas que escucharon esto, prefirieron callar y no comentar del tema pues tal parecía que platicarlo era invocarlo una y otra vez, cuando se platicaba lo ocurrido, esto se repetía al día siguiente:



Me encontraba profundamente dormido en el peso de la madrugada cuando me despertó el ruido de unas cadenas, cadenas que se arrastraban justo en la cuadra ubicada entre los dos cruceros de dicha calle, las cadenas fueron sonando lentamente desde la punta de la loma hacia abajo, el sonido me despertó pues eran cadenas aparentemente gruesas y pesadas, lo supe por su sonido que era fuerte y el “animal” que las llevaba iba agitado como si el mismo peso de las cadenas lo fatigara a tal grado que sus rugidos se escuchaban como el de un animal sediento, agitado y molesto….. Recuerdo claramente que ese conjunto de sonidos fueron subiendo de tono como si el animal se acercara, al principio imagine que era un perro rabioso quede había escapado con la cadena colgada de su cuello. Conforme el sonido aumentaba éste comenzó repentinamente a mezclarse con el quejido de una mujer, quejido que comenzaba como gemido de dolor y culminaba como aullido de animal molesto, en ese momento abrí de inmediato los ojos pero mi cuerpo estaba paralizado, no pude moverme, mi mente gritaba los nombres de los integrantes de mi familia para que se acercaran pues el miedo me había paralizado pero mi cuerpo no respondía y la lengua estaba absolutamente entumida. Hubo unos segundos de silencio absoluto, ese silencio donde no existe ni el sonido de los grillos, solo el penetrante sonido de la noche mezclado con el retumbante sonido de los latidos de mi corazón, de repente esa voz lejana como si proviniese del otro lado de la montaña que gritaba tenebrosamente – haaaaay mis hiiijooooos….. La voz no indicaba de dónde provenía exactamente, solo se escuchaba lejos como queriendo acercarse y perdiéndose a su vez entre las montañas que se ubican alrededor del pueblo, recuerdo tres gritos con esa frase de dolor, gritos entre los cuales ese condenado animal que seguía arrastrando su cadena por la calle no paraba de gemir, jarear y repentinamente correr como si persiguiera esa voz proveniente de todas partes y a la vez de ninguna. En ese momento comencé a rezar pero olvide la oración justo a la mitad, después quede dormido hasta el siguiente amanecer. 

Fin

Anónimo.

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